Desde adentro. ¡No más incendios forestales!

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Altas temperaturas

Desde adentro. ¡No más incendios forestales!
Foto: Berna /26 de junio de 2015. Incendio en la ladera oriental de Medellín.

Las montañas que rodean el Valle de Aburrá se han visto arder las últimas semanas ante la mirada impotente de los habitantes de la ciudad. Según el Dagrd (Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres), en los primeros cinco días de julio, se atendieron 40 incendios forestales en Medellín, y en los últimos dos meses, un total de 122 en todo el Valle de Aburrá.

De acuerdo con Esteban Álvarez, investigador del Jardín Botánico de Medellín ?si bien los incendios forestales han sido comunes en la época de verano en la ciudad, su frecuencia ha venido en aumento en la última década; esto puede estar relacionado con el cambio climático, pues los análisis de las tendencias en la temperatura promedio del aire, muestran que se ha incrementado cerca de 2 grados centígrados en los últimos 30 años. Los veranos ahora son más secos y prolongados.?

Apagar un incendio forestal es una labor de alta complejidad para los bomberos, así lo explica Natalia Trujillo, ex bombera voluntaria del Municipio de Envigado. ?Cuando logra detectarse ya ha pasado mucho tiempo y ha alcanzado una extensión de tierra considerable, lo que dificulta su control?.

El difícil acceso para los carros a las zonas donde se presentan estos incendios, los obliga a caminar largos trayectos por las pendientes de las montañas, vestidos con un traje que puede pesar entre 20 y 25 kg y ya en el lugar de la conflagración, empiezan a dispersar el agua desde un tanque que llevan en sus espaldas, pero esta se evapora con facilidad y se acaba rápidamente, lo que los obliga a volver hasta el lugar donde se encuentra el carro para proveerse de nuevo con el líquido vital.

La manera más efectiva para apagar el fuego es usar una especie de escoba de caucho, con la que golpe a golpe, van extinguiendo las llamas, un trabajo que exige resistencia y gran despliegue físico en condiciones adversas. Hombres y mujeres exponen sus vidas en medio de altas temperaturas, humo y dificultades evidentes para escapar del fuego y respirar; pero aun así, invierten jornadas enteras en esta desgastante labor, tratando de evitar que las llamas no destruyan el hogar de cientos de especies de fauna y flora.

Antioquia es una región megadiversa y el Valle de Aburrá no es la excepción. En los bosques circundantes al Área Metropolitana, según Sebastián Botero, investigador del Laboratorio de Servicios Ecosistémicos y Cambio Climático (SECC) del Jardín Botánico de Medellín, pueden encontrarse muchas especies, entre ellas, zorros, guaguas, tairas, tigrillos lanudos y olinguitos, estas dos últimas de particular importancia.

La primera de ellas es la especie emblemática de Envigado, declarado objeto de conservación en un estudio realizado el año pasado por el Jardín para determinar el Sistema Local de Áreas Protegidas de ese municipio, mientras que la segunda, se cree que es una especie nueva para la ciencia, apenas descubierta en el año 2012.

Nueve días tardó en controlarse uno de los incendios forestales que más conmoción generó en los habitantes de la ciudad a finales de junio. Las llamas alcanzaron a afectar alrededor de 30 ha entre Buenos Aires, El Poblado y el corregimiento de Santa Elena, donde muy cerca se encuentra una estación de monitoreo en la que David Marín, Biólogo del Grupo de Mastozoología de la Universidad de Antioquia, ha registrado al menos dos especies de ratones, musarañas, cusumbos, puercoespines y mapaches, estos últimos con el más alto registro para Colombia.

Desde adentro. ¡No más incendios forestales!
Foto: Juan Sebastián Galeano/ 1 de julio de 2015. Incendio en la ladera Nororiental de Medellín.

Los más afectados
Si bien para los sitios exactos de los incendios no se conoce con detalle la diversidad de flora, de acuerdo con un estudio publicado hace un mes por el Grupo de Investigación SECC del Jardín Botánico, en un lugar similar en la reserva Montevivo en Santa Elena, una sola hectárea de bosque puede albergar hasta 319 especies de plantas, muchas de ellas consideradas de alto valor ecológico.

Los incendios, además de generar estrés en la flora y la fauna, traen otros efectos devastadores, no solo porque el fuego puede causarles la muerte directa, sino porque reduce sus territorios y destruye sus fuentes de alimentación. La mayor parte de las especies de mamíferos y aves que anidan en los árboles del bosque, son desplazadas y al no hallar nuevos territorios, muchas veces encuentran la muerte por falta de alimentos o en hechos tan lamentables como en incidentes en la vía.

Los ecosistemas tienen un equilibrio perfecto que estos eventos alteran, desaparecen plántulas, nuevos brotes, lianas y árboles jóvenes que son la garantía de la regeneración del bosque en el futuro y que por otro lado, pueden ser el alimento de múltiples especies. Al quemarse la hojarasca, por ejemplo, se disminuyen las comunidades de artrópodos o roedores que las habitan, fuente de alimento de pequeños mamíferos, consumidos a su vez, por algunos felinos que tienen presencia en los bosques circundantes al Valle de Aburrá, como el tigrillo lanudo, una especie en peligro de extinción o el puma, que ha sido captado en las cámaras trampa de Aburrá Natural.

Los bosques, además de ser la casa y el alimento de muchas especies, también proveen de bienes y servicios a las personas, lo que se conoce como ?Servicios Ecosistémicos?. Con la destrucción de estos ecosistemas también nos vemos afectados nosotros directamente, pues con cada incendio se emite carbono que contribuye al calentamiento global y dejamos de tener árboles que puedan contribuir a capturar estos gases que diariamente estamos emitiendo; además con el fuego se altera el ciclo hidrológico al perder la vegetación protectora de las corrientes de agua.

Lo que antes era un bosque verde, se convierte en un paisaje quemado, desolador y empobrecido, poblado por un número bastante reducido de árboles que logran sobrevivir. La vida allí tardará mucho tiempo en volver a reverdecer y se requerirán muchos esfuerzos de todo tipo para lograrlo.

Lo más preocupante de este panorama es saber que al menos el 90% de estos incendios son causados por las personas de manera voluntaria o involuntaria; en el incendio de la ladera oriental, las autoridades encontraron mecheros, botellas plásticas con velas, galones con gasolina y estopas impregnadas de ACPM que evidencian al parecer, la intencionalidad del fuego en dicho sector.

La invitación. ¿Cuál es su aporte?
Es urgente que toda la población y particularmente los responsables de administrar el territorio, adquiramos conciencia sobre las consecuencias que traen estos eventos y nos unamos para prevenir futuros incendios, teniendo en cuenta no prender fogatas, no dejar residuos en los bosques, no realizar ?quemas controladas? y sobretodo, estar atentos a cualquier actitud peligrosa o sospechosa; también es necesario denunciar a quienes han sido artífices de dichos acontecimientos y develar los intereses que puedan estar detrás de estos actos.

Por:
Andrea Trujillo Rendón
[email protected]
Pacto por los Bosques de Antioquia
Investigadora del Grupo de Servicios Ecosistémicos y Cambio Climático

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