Desde su fundación en 1972, el Jardín Botánico de Medellín fue dedicado a la memoria de uno de los naturalistas antioqueños más queridos y recordados. Joaquín Antonio Uribe hizo parte de una suerte de corriente conocida entre los expertos como La escuela de Sonsón, municipio situado al oriente del departamento de Antioquia, a unos 113 kilómetros de Medellín.

Herederos del interés promulgado por el médico español José Celestino Mutis a partir de la gran Expedición Botánica en 1783 y la Comisión Corográfica, dirigida por el italiano Agustín Codazzi en 1850, algunos personajes antioqueños  se dedicaron con pasión al estudio de la botánica. Francisco Antonio Zea (nacido en Medellín, Estado de Antioquia, el 28 de octubre de 1770), y José Manuel Restrepo (nacido en Envigado, Antioquia, en 1781), ambos discípulos de Mutis, se destacaron por su pasión hacia esta ciencia a finales del siglo XVIII y principios del XIX.  La tendencia en Sonsón comienza con el médico José Joaquín Jaramillo, quien nació en la población en 1835.

Y en 1858 nace allí quien honraría con su nombre al Jardín Botánico de Medellín. Joaquín Antonio Uribe Villegas pasó los primeros años de su vida en el campo, formulándose preguntas acerca de las plantas, los animales y todo aquello que llamara su atención. Entre sus profesores del colegio estuvo el doctor José Joaquín Jaramillo, quien seguramente fomentó en él su amor por las ciencias y la naturaleza, y quien más adelante sería su colega, después de que Joaquín Antonio se graduara como maestro en la Normal de Varones de Medellín.

En 1888 Uribe Villegas fundó en Sonsón el Colegio Santo Tomás de Aquino. Su vida transcurrió como profesor de diferentes escuelas y colegios en los municipios antioqueños de Sonsón, Rionegro, Salamina y Medellín, en materias como Zootecnia, Historia Natural, Religión, Historia Patria, Contabilidad, Geografía, Aritmética y Algebra. En la Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia se dedicó a la enseñanza de la Botánica y tiempo después se convirtió en director de la Escuela Práctica de Agricultura y Ganadería en el municipio de Bello, Antioquia.

Motivado por lo que consideraba una gran ausencia de textos que enseñaran la realidad del país, desde muy joven se dedicó a escribir, considerado “un prosista ameno, castizo y elegante”, según citas de algunas publicaciones. Como resultado de estas inquietudes están Las Monografías, artículos sobre flora e historia publicadas por el Concejo de Sonsón en el Repertorio Municipal; Capiro, la primera revista literaria de ese municipio, fundada por él; el Curso compendiado de Historia Natural, publicado en el periódico El Espectador, de Medellín. Además fue colaborador de periódicos y revistas nacionales y extranjeras, como Alpha, La Organización, Instrucción Pública, El Correo Liberal, Vida Nueva, La Patria, Antioquia Industrial, Colombia, La Mañana, La Voz de Aures, El Repertorio Americano y La Hacienda, de Estados Unidos.  

Entre sus libros se encuentran Cuadros de la naturaleza, Curso Compendiado de Historia Natural, Pequeñas monografías de minerales, plantas y animales, El niño naturalista, Curso compendiado de geografía comercial y la Flora Sonsonesa o colección de monografías familiares de vegetales selectos, indígenas o cultivados en el municipio de Sonsón. Este último es dedicado por don Joaquín “a la venerada memoria de doña Victoriana Estrada de Velásquez, quien me enseñó a amar las flores”.

Fue un sabio y un gran investigador. Hizo parte de la Academia de Historia. Su calidad humana era tan conocida como su capacidad intelectual. Alcanzó en vida un gran prestigio y popularidad. Al cumplir 50 años de vida profesional, en 1925, los círculos gubernamentales, intelectuales, científicos y cívicos le rindieron muchos homenajes, que el maestro recibió con modestia y hasta con lágrimas. 

Joaquín Antonio Uribe murió en Medellín el 3 de noviembre de 1935. Como homenaje póstumo, la Gobernación de Antioquia publicó en 1940 su obra La Flora de Antioquia, edición dirigida, corregida y ampliada por uno de sus hijos, el sacerdote Lorenzo Uribe, de la Compañía de Jesús.

En el preámbulo de su libro Flora sonsonesa, publicado en 1928, don Joaquín escribe lo siguiente:

“Hace 32 años que empecé a escribir las monografías que forman hoy la presente obrita; la suspendí en  1901, no sé porqué motivo. Lo que puedo asegurar es que no fue por dejadez o desapego mío, pues todas las he escrito no sólo con la pluma, sino con mi corazón.

Este no es un libro para los botánicos y otros hombres de ciencia. Lo es para los labradores, los obreros, las gentes del campo, para los pequeños del mundo intelectual (…) Nunca quise darle a este trabajo colorido netamente científico, y escribí, sin reparos, sobre la planta que primero se presentaba a mi vista o a mi imaginación, sin atender a su conexión metódica con las anteriores o subsiguientes. Pudieran compararse estos estudios a un ramillete, que formamos a medida que recorremos un jardín”.


Es en homenaje a él, a su vocación científica  y a su empeño por poner el conocimiento al acceso de todo tipo de públicos para su disfrute, que nuestro Jardín Botánico lleva su nombre, Joaquín Antonio Uribe



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2015
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